13
nov
2011

Dietéticos: Negocio y confusión

 

Dietéticos:
Negocio y confusión

Los tan populares productos dietéticos, ponen al alcance de la mano alimentos teóricamente saludables, con los cuales creemos cuidar nuestra salud. Pero desgraciadamente la realidad nos indica otros calificativos para estos productos, que rápidamente monopolizan góndolas y dietéticas, tal como veremos en el próximo capítulo al analizar mitos y excusas.

Hemos visto lo que significa el uso de edulcorantes, grasas plásticas y aditivos, que se ofrecen como características destacadas de productos que suelen centrar sus bondades en las bajas calorías. Como si el conteo calórico fuese un valor en sí mismo. ¿Valen igual calorías de frutas y semillas de fácil metabolización y ensuciamiento nulo, respecto a harinas y elementos sintéticos de fuerte aporte a la toxemia corporal?

Otros alimentos “atractivos” suelen ser los que se publicitan como “libre de colesterol”, “0 trans” o “sin sal”. Es obvio que no son saludables el colesterol oxidado, las margarinas, ni la sal refinada. Pero en estos productos suele haber “trampas” publicitarias. Más allá del uso de estos rótulos en productos que no tendrían por qué contenerlos, muchas veces se trata de los métodos analíticos especialmente elegidos para no denunciar su presencia [1], como ocurre con las grasas trans (margarinas).

En el caso de la sal, directamente no suele indicársela en ciertos usos (el caso de su empleo en yogures como conservante) y tampoco se indican los contenidos de sodio presentes en más de 40 aditivos alimentarios [2] o en productos “insospechados” de contenerlo, como las gaseosas, tal como veremos luego en “Refinados ejemplares”.

Muchas veces, la sola presencia de la palabra “light” en el envase, hace que el consumidor se sienta “protegido” y habilitado para consumir en cantidad (“total es light”). Pero la sorpresa llega al ver análisis [3] de “dietéticas” galletitas de agua con 29% de su peso en grasas trans o “saludables” barritas de cereales industriales con 22% de margarina.

Otros productos se introducen en el imaginario colectivo como saludables, cuando resultan ser lo opuesto. Es el caso de productos para diabéticos, como las tostadas de gluten o las mermeladas con fructuosa. Ya nos ocuparemos tanto al gluten como al JMAF, pero en el caso de las tostadas, el diabético cree “cuidarse” mientras hace uso de un coctel de harina refinada, grasas trans y un plus de la “pegajosa” proteína del trigo. Otro sinsentido moderno son las aguas saborizadas, tal como acabamos de ver.

“Controlo las calorías”

Últimamente estamos invadidos por “contadores de calorías”. Los nutricionistas, con el auxilio de sofisticados programas de computación, se han convertido en expertos diseñadores de saludables dietas que nos aportan las calorías exactas. Las publicaciones que nos invitan a “estar saludables”, nos atiborran de valores calóricos. Todo se mide en función a las calorías.

Recientemente una conocida publicación nos decía que es más saludable un panqueque de dulce de leche (400 calorías) que una porción de queso y dulce (600 calorías). En su portada nos confundía aún más: es preferible una hamburguesa de carne, con pan, tomate, lechuga y queso (320 calorías) antes que una hamburguesa de pollo con pan, mayonesa, tomate y queso (580 calorías).

A esta altura del libro y manejando el concepto de “ensuciamiento”, usted se preguntará igual que nosotros ¿Dónde está la diferencia? ¿Guatemala o guatepeor? Pero, claro, ¡cómo no se da cuenta! ¿no ve que está ahorrando 200 y 260 calorías? Tranquilo… ahora tenemos empanadas “bajas calorías”, aderezos “lights” y gaseosas “cero” que cuidan nuestra salud!!!

El problema es que nuestro cuerpo es analfabeto: ¡¡¡no sabe contar calorías!!! Para el organismo ¿será lo mismo 100g de arroz integral que 100g de ricota descremada, aunque ambos aporten 110 calorías? ¿Cómo hizo la humanidad para sobrevivir antes de la invención de estas artificiosas tablas?

¿Qué es una caloría? Toda combustión genera calor y dicha energía puede medirse con precisión. Entonces se decidió colocar los alimentos en una bomba calorimétrica (un recipiente donde se quema el alimento), midiéndose el calor generado por dicha combustión. ¿Será nuestro cuerpo igual que un horno a carbón?

Las fibras son un buen ejemplo para mostrar la poca confiabilidad de nuestras “protectoras” tablas y legales rótulos nutricionales. En los años 80, a la fibra no se le asignaba valor calórico. El cuerpo no se había enterado de dicho valor 0 y “combustionaba” la fibra por medio de la acción de la flora intestinal colónica. Al “descubrir” esto, se reformaron las tablas. Ahora, 100g de pectina (saludable fibra soluble presente en las frutas) “valen” 283 calorías, lo mismo que 100g de helado de crema!!! ¿Valdrán lo mismo para nuestro organismo?

¿Cuántas calorías necesita su cuerpo? ¿Quién lo determina? ¿Será lo mismo un organismo hiperoxidador (que quema rápido), que uno que metabólicamente oxida lento? ¿No serán meras especulaciones? ¿Trabajará igual la química corporal frente a la abundancia alimentaria que frente a la carencia? ¿Quemará igual una ordenada flora fermentativa que una séptica flora colónica putrefactiva?

Si el metabolismo humano fuese tan rígido y tabulado, entonces un exceso diario de 50 calorías generarían 25 kg de sobrepeso en 10 años. Viceversa, si usted evitara 50 calorías diarias, ¿bajaría 25 kg en una década? Es obvio que resulta saludable comer menos, tal como lo demuestra la “restricción calórica” y las dietas frugales de pueblos longevos. Pero también resulta obvio dejar de pensar obsesivamente en calorías y ocuparnos en cuestiones de fondo, ¿no le parece?

“Uso sólo descremados”

Los descremados ofrecen otro buen ejemplo de lo que significa engañar al cuerpo, algo que ya vimos al hablar de los edulcorantes no calóricos. Al percibir el ingreso de grasas, el organismo manda señales a la vesícula para que emita bilis, fluido esencial en el metabolismo de grasas y proteínas. Cuando ingerimos descremados, dicha señal no llega y por tanto perjudicamos la correcta digestión del alimento por carencia de fluido biliar.

Pero el consumo de lácteos descremados tiene otra implicancia, y tal vez más grave: el consumo indiscriminado (“total es descremado”). Sacar algo de grasa saturada de los lácteos, reduce sólo uno de los tantos problemas que aportan estos productos (mucógenos, opiáceos, permeabilidad intestinal, desorden mineral, estímulo tumoral, reacción antigénica…), que se terminan consumiendo en mayor cantidad, bajo la falsa creencia que se trata de alimentos saludables.


[1] Ver “¿Qué compramos cuando compramos?”, diario La Nación, 13.10.05
[2] Ver “La sal saludable”, apartado “El problema del sodio”.
[3] Ver “Rico en grasas dañinas” – Diario La Nación – 28 de julio de 2004.

Extraído del libro “Nutrición Depurativa”
www.espaciodepurativo.com.ar

Publicado por:
Gloria de los Ángeles Espíndola
www.unmundodebrotes.com

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2 respuestas a Dietéticos: Negocio y confusión

  1. Olivia Sanz dijo:

    Dime una cosa yo con sumo todos los días 4 oz de wheatgrass es saludable Ono muchos estudios am revelado k es científicamente casi igual k la sangre me gustaría k pusieras un boletín sobre eso al lugar donde yo vengo a decentoxicar mi cuerpo disen k es lo mejor el lugar se llama Optimum Health Institute queda en Sandigo California es maribolloso este lugar gracias y me encantaría k realizaras un boletín sobre el wheatgrass

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