8
ene
2012

¿Para
qué comemos?
El efecto
vitalizante

 

La pregunta tiene muchas respuestas. Pareciera obvio que para aportar nutrientes
al cuerpo. Sin embargo hay gente (y cada vez son más), que con una preparación
adecuada, pueden vivir sin ingerir alimentos físicos[1]. Esto no es algo nuevo,
pues los antiguos yoguis hindúes practicaban esto de vivir del prana[2], solo
practicando técnicas de respiración. Actualmente se están difundiendo los
movimientos respiratorianos[3] y también técnicas para nutrirse mediante la captación
de fotones del sol[4], desarrollando celularmente la misma capacidad que tienen
los vegetales para captar energía lumínica (fotosíntesis).

Más allá de conceptos y prácticas que exigen cierto nivel de preparación y pueden
parecernos radicales, esto demuestra que es posible vivir sin nutrientes de
estructura física y que en realidad el alimento cumple una función
vibracional
. Como vimos, las células funcionan e intercambian información,
resonando en una frecuencia electromagnética perfectamente medible.

Por tanto, la función del alimento es vitalizar y garantizar dicho
metabolismo energético, basado en fenómenos de transmutación biológica,
sintonización y resonancia entre órganos y alimento. En definitiva el cuerpo
humano (saludable) resuena en una determinada frecuencia oscilatoria (entre
6.200 y 7.000 Ä). Vimos que las mediciones vibracionales del alimento permiten
verificar que hay sustancias nutricias que resuenan por encima o por
debajo
de dicha frecuencia.

Al ingerir alimentos de igual o superior longitud de onda, el cuerpo no
tiene dificultades en metabolizarlo y generar los fenómenos de intercambio, beneficiándose del aporte. Cuando ingerimos alimentos de inferior oscilación
vibratoria, el organismo se ve perjudicado, pues debe elevar dicha
frecuencia
, a fin de establecer el adecuado intercambio metabólico.

Si este último tipo de alimentos se hace abundante y cotidiano, a largo andar el cuerpo se agota, baja su frecuencia, se desvitaliza y comienza a resonar en niveles inferiores, que son justamente los que emite una persona enferma (4.800 Ä en el caso de pacientes con cáncer) y en los cuales se desarrollan virus y parásitos.

De allí la importancia de nutrirse prevalentemente de alimentos superiores, como frutas, hortalizas y semillas activadas, que, como vimos, resuenan por encima de los 8.000 Ä y por tanto vitalizan al organismo, evitando el ámbito para el desarrollo del desorden energético, que luego se traduce en enfermedad, envejecimiento prematuro y muerte.

Al comer una hoja de rúcula lo que hacemos es recibir la energía lumínica que el vegetal captó y convirtió en energía química (clorofila). Al exponer dicha hoja al fuego, alteramos ese patrón ordenado y obligamos al cuerpo a elevar dicha frecuencia, para poder resonar y metabolizar adecuadamente.

Por ello la importancia de destruir y alterar lo menos posible nuestro alimento cotidiano, concentrándonos, por el contrario, en procesos que lo vivifiquen y eleven vibratoriamente.

Esa es la mejor forma conocida para revertir y evitar situaciones de desorden y enfermedad. Tras haber aprendido los rudimentos de Nutrir sin ensuciar,
considerado un primer escalón en este proceso consciente, estamos
entonces en condiciones de abordar un nivel ulterior y vitalizante.

Más allá de los beneficios en salud y rejuvenecimiento, esta propuesta generará
otros efectos positivos a nivel de pensamientos y actitudes. Como dijera
un conocido maestro espiritual: “Según sea tu alimento, así será tu mente;
según sea tu mente, así será tu pensamiento; según sea tu pensamiento,
así será tu actitud”.

LA ENERGÍA DEL ALIMENTO

Si bien los alimentos aportan nutrientes estructurales (aminoácidos, grasas,
azúcares, minerales), tal vez la principal propiedad no sean solo sus valiosos
componentes físicos, sino su acción vitalizante sobre nuestro metabolismo
energético
. Recientes investigaciones muestran que el factor primordial en
la calidad de un alimento, es su energía solar (fotones). A través del
alimento, absorbemos biofotones (partículas luminosas), que transmiten a
las células importante información biológica para modular procesos vitales del
cuerpo.

Los biofotones poseen una gran fuerza de organización y regulación que proporciona
al organismo mayor movimiento y orden, lo cual se traduce en una marcada
sensación de vitalidad y bienestar. Cuanta más energía lumínica pueda
almacenar un alimento, mayor su valor. Por ejemplo, un fruto madurado al sol es
mucho más saludable que aquel madurado artificialmente.

Por consiguiente, la capacidad de almacenamiento de biofotones es una medida
objetiva de la calidad de nuestros alimentos. Las algas espirulina, mediante un
complejo único de pigmentos, puede almacenar todo el espectro solar:
verde (clorofila), azul (ficocianina), amarillo, naranja y rojo (carotenoides).
La medición de los biofotones confirma que la espirulina recién cosechada es un
excelente colector de energía solar.

Es un hecho que todos los seres vivos (hombres, animales y plantas), somos seres
luminosos que vivimos de estructuras de orden. El girasol, por ejemplo,
es un depósito de luz excelente, captando y almacenando energía fotónica, y
transmitiendo dicha propiedad a sus semillas e incluso al aceite con ellas
obtenido. Por tanto, nuestro alimento es portador de luz.

Cuanta más luz contengan nuestros alimentos, mayor es su valencia biológica y menor es la cantidad de masa alimenticia que necesitamos. Así se explica que un
tomate precioso, grande y rojo de cultivo en invernadero, madurado en cámara
mediante exposición a gas etileno, tenga menos valencia biológica que un tomate
pequeño, con manchas y mal formado, pero que ha crecido al aire libre y ha
almacenado energía fotónica del sol en su maduración natural.

Casi no conocemos el concepto de alimento vivo, puesto que hemos aprendido a
confiar solo en los análisis bioquímicos de las sustancias. El químico analiza
en sus probetas los productos químicos y como mucho, la reacción entre ellos,
pero la vida no se podrá comprobar de esta manera. Un pequeño ejemplo:
tomemos dos puñados de semillas; un puñado lo colocamos 10 segundos en un
microondas. Si luego analizamos químicamente ambos puñados, no habrá
diferencia. Sin embargo, si los ponemos a germinar, el puñado de semillas del
microondas habrá perdido esa cualidad; están muertas. La vida en sí no
es visible, pero sí sus efectos.


[1]
Ver informe “Parte del aire” de Revista Viva de Clarín, del 11.1.09 y su
reproducción en www.nutriciondepurativa.com.ar

[2] Prana es una palabra en sánscrito que hace referencia a “lo
vital”, la fuerza de las cosas vivas y la energía vital en el proceso
natural del universo. A través de técnicas de respiración (pranayama) es
posible controlar los flujos de prana o energía vital de nuestro organismo.

[3] Ver http://www.jasmuheen.com

[4] Ver apéndice del libro “Alimento y Vitalidad”.

[5] Ver capítulo 2, apartado “La cuestión energética”.

[6] Siempre que se extraiga por métodos naturales de presión en frío y sin
procesos industriales de refinación.

Extraído del libro “Nutrición Depurativa”
Autor: Néstor Palmetti
www.espaciodepurativo.com.ar

Publicado por:
Gloria de los Ángeles Espíndola
www.unmundodebrotes.com

 

 

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6 respuestas a Para qué comemos?

  1. victor andres pavicich dijo:

    un amigo enfermo de diabetes con una edad de 80 años sin apetito sin sintomas tumorales que comida se le puede aconsejar gracias

  2. fracko dijo:

    perdon…dices que hay gente que puede vivir sin comer? solo respirando???

  3. JUDITH dijo:

    gracias x la información me gusta

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