2
abr
2012

Amar al niño interior

 

Amar al niño interior

Por: Louise L. Hay

Si no puedes intimar con otras personas, es porque no sabes cómo intimar con tu propio niño interior. El pequeño que hay dentro de ti está dolido y asustado. Ayuda y acompaña a tu niño.

Uno de los asuntos más importantes que necesitamos comenzar a abordar es la curación del olvidado niño interior. Muchos de nosotros nos hemos pasado demasiado
tiempo sin hacer caso de nuestro propio niño interior.

Tengas la edad que tengas, hay en tu interior un pequeño que necesita amor y aceptación. Si eres una mujer, por muy independiente que seas, tienes en tu interior a una niña muy vulnerable que necesita ayuda; si eres un hombre, por muy maduro que seas, llevas de todas formas un niño dentro que tiene hambre de calor y afecto.

Cada edad que has vivido está dentro de ti, dentro de tu conciencia y de tu
memoria. Cuando éramos niños y las cosas iban mal, solíamos pensar que algo no
funcionaba bien en nosotros, que teníamos algo malo dentro. Los niños piensan que
si pudieran hacer las cosas bien, sus padres (o quien sea) les amarían y no les
castigarían ni les pegarían.

Así pues, siempre que el niño o la niña desea algo y no lo obtiene, piensa: «No valgo
lo suficiente. Soy anormal, un retrasado». Entonces, cuando nos hacemos mayores
rechazamos ciertas partes de nosotros mismos.

A estas alturas de nuestra vida, ahora mismo, es necesario que empecemos a
hacernos íntegros y a aceptar cada parte nuestra: la que hacía el tonto, la que se
divertía, la que se asustaba, la que era estúpida y boba, la que llevaba la cara sucia.
Todas y cada una de nuestras partes.

Creo que por lo general nos desconectamos, nos cerramos, alrededor de los cinco
años. Tomamos esa decisión porque pensamos que algo no funciona bien en nosotros
y ya no queremos tener nada que ver con ese niño o niña que somos.

También llevamos a nuestros padres dentro. Tenemos en nuestro interior al niño
y a sus padres. La mayor parte del tiempo el padre (o la madre) reprende al niño, casi
sin parar. Si prestas atención a tu diálogo interno, podrás oír el sermón. Podrás
escuchar cómo papá o mamá le dice al niño que está haciendo algo mal o que no
sirve para nada.

Lógicamente, entonces comenzamos una guerra con nosotros mismos;
empezamos a criticarnos de la misma forma en que éramos criticados: «Eres un
estúpido», «No sirves para nada», « Otra vez la has fastidiado». Se convierte en
costumbre. Cuando nos hacemos adultos, la mayoría de nosotros no hacemos el
menor caso de nuestro niño interior, o lo criticamos igual como nos criticaban.
Continuamos con la pauta una y otra vez.

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John Bradshaw, autor de varios libros maravillosos sobre cómo sanar al niño
interior, dijo una vez que cuando llegarnos a adultos llevamos dentro 25.000 horas de
cintas grabadas con la voz de nuestros padres. ¿Cuántas horas de esas cintas crees que
te dicen que eres un ser maravilloso? ¿Cuántas te dicen que te aman y que eres
inteligente y brillante? ¿O que eres capaz de ser lo que desees ser y que cuando seas
mayor serás una gran persona? En realidad, ¿cuántas horas de esas cintas te dicen
«No, no, no» en todas sus formas?

No es nada extraño que nos pasemos la vida diciéndonos «no» y «debería». Lo
que hacemos no es otra cosa que imitar a esas viejas cintas. Sin embargo, son sólo
cintas, no la realidad de nuestro ser. No son la verdad de nuestra existencia. Son sólo
grabaciones que uno lleva dentro, y se pueden muy bien borrar o volver a grabar.

Cada vez que digas que estás asustado, comprende que es tu niño interior el que
está asustado. El adulto en realidad no tiene miedo; sin embargo, el adulto no está ahí
para confortar al niño. El adulto y el niño necesitan entablar amistad, hablar el uno
con el otro de todo lo que haces. Sé que puede parecer tonto, pero da resultado. Haz
saber a tu niño que pase lo que pase nunca le vas a volver la espalda ni a
abandonarle. Siempre estarás allí para acompañarle y amarle.

Si cuando eras pequeño tuviste una mala experiencia con un perro, por ejemplo,
digamos que te asustó o incluso que te mordió, tu niño interior tendrá miedo de los
perros, aunque tú seas un adulto grande y corpulento. Es posible que veas a un perro
pequeño en la calle y que tu niño interior reaccione aterrado: « ¡Un perro! Me va a
hacer daño». Ésta es una fantástica oportunidad para que tu padre interior le diga al
niño: «No pasa nada. Ahora soy adulto. Yo cuidaré de ti. No dejaré que el perro te
haga daño. Ya no tienes por qué tener miedo». De esta forma comenzarás a hacer de
padre con tu niño.

La curación de las viejas heridas

He descubierto que el trabajo con el niño interior es sumamente útil para curar las
heridas del pasado. No siempre conectamos con los sentimientos del asustado
pequeño que llevamos dentro. Si en tu infancia sentiste mucho miedo y angustia, y
ahora te castigas mentalmente, continúas tratando a tu niño interior de la misma
forma. Sin embargo, él no tiene ningún otro Sitio adonde ir. Es necesario que superes
las limitaciones de tus padres. Necesitas comunicarte con el pequeño, que se siente
perdido. Tu niño interior necesita saber que tú lo amas.

Tómate un momento ahora mismo y dije que te interesas por él: «Te quiero. Me
importas. De verdad te quiero». Tal vez le has estado diciendo esto a la persona
adulta que llevas dentro. De modo que empieza a decírselo también a tu niño.
Imagínate que le coges la mano y ambos vais a todas partes juntos durante unos días.
Verás las felices y alegres experiencias que podéis tener.

Necesitas comunicarte con esa parte de ti mismo. ¿Qué mensajes deseas escuchar?
Siéntate en silencio, cierra los ojos y habla con tu niño interior. Si te has pasado 62
años sin hablar con él, es posible que tengas que insistir unas cuantas veces para que
el niño realmente crea que quieres hablarle. Insiste: «Deseo hablar contigo. Deseo
verte. Deseo amarte». Finalmente lograrás la comunicación. Es posible que veas al
niño dentro de ti, que lo sientas, que lo escuches.

La primera vez que hables con tu niño interior puedes comenzar por pedirle
disculpas. Dile que lamentas no haber hablado con él o haberle reprendido durante
todos estos años. Dije que deseas compensar todo el tiempo que habéis estado
separados. Pregúntale qué puedes hacer para hacerle feliz, y de qué tiene miedo.
Pregúntale qué desea él de ti.

Empieza con preguntas sencillas; obtendrás respuestas.
«Qué puedo hacer para hacerte feliz? ¿Qué te gustaría que hiciéramos hoy?» Por
ejemplo, le puedes decir: «Me gustaría salir a caminar, ¿qué deseas tú?». El niño
puede contestar: «Ir a la playa». Así habrá comenzado la comunicación. Persevera. Si
te puedes tomar unos instantes cada día para comunicarte con el pequeño que llevas
en tu interior, la vida te va a resultar muchísimo mejor.

Cómo comunicarse con el niño interior

Puede que algunos de vosotros ya estéis trabajando con vuestro niño interior. Hay
muchos libros y se organizan muchos talleres y conferencias sobre este tema. Al final del
libro encontraréis una lista de títulos para estudios más avanzados.

John Pollard III ha escrito un libro excelente, Self-Parenting [Ser tu propio padre], con
muchos ejercicios y actividades maravillosos que se pueden realizar con el propio niño
interior; te recomiendo que lo leas. Como he dicho anteriormente, hay muchísima ayuda en este aspecto. No estás solo y desamparado, pero necesitas pedir ayuda para obtenerla.

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Otra sugerencia que te hago es que busques una fotografía tuya de cuando eras
niño. Mira la foto. ¿Ves a un niño desgraciado? ¿Ves a un niño feliz? Veas lo que
veas, comunícate con él. Si ves a un niño asustado, haz algo para tranquilizarlo. Busca
varias fotos de tu infancia y habla con el niño de cada foto.

Es muy útil hablar con el propio niño interior frente al espejo. Si tenías un
sobrenombre cuando eras niño, utilízalo. Ten pañuelos a mano. Te sugiero que te
sientes frente al espejo, porque si te quedas de pie saldrás corriendo por la puerta. Es
mejor que te sientes con una caja de pañuelos y empieces a hablar.

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Otro ejercicio que puedes hacer es comunicarte con él mediante la escritura.
Aflorará también muchísima información, Usa dos bolígrafos o rotuladores de colores
distintos. Con uno de ellos en la mano dominante escribe una pregunta. Con el otro
en tu otra mano haz que el niño escriba la respuesta. Es un ejercicio fascinante.
Cuando escribe la pregunta el adulto cree que conoce la respuesta, pero cuando coge
el bolígrafo con la mano no dominante, la respuesta suele resultar distinta a la
esperada.

También podéis dibujar juntos. A muchas personas probablemente les encantaba
dibujar y pintar en su infancia, hasta que les dijeron que debían ser limpias y
ordenadas y no dibujar o pintar fuera de los márgenes. De modo que empieza a
dibujar nuevamente. Utiliza tu mano no dominante para dibujar una imagen de algún
acontecimiento que acaba de suceder. Observa cómo te sientes. Hazle una pregunta a
tu niño interior, déjalo que dibuje con tu mano no dominante, y ve qué dibuja.

Si te es posible, reúnete con un pequeño grupo de amigos, o con un grupo de
apoyo, para trabajar juntos con estas ideas. Por ejemplo, podéis hacer que vuestros
niños dibujen y después sentaros alrededor y analizar atentamente el significado de
los dibujos. La información que se obtiene de este modo puede ser increíblemente
reveladora.

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Juega con tu niño interior. Haz cosas que le gusten a tu niño. ¿Qué te gustaba de
verdad hacer cuando eras pequeño? ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste? Con
demasiada frecuencia el padre o la madre que llevamos dentro nos impiden
divertirnos porque no es cosa de adultos. Así pues, tómate el tiempo necesario y
diviértete. Haz las cosas tontas que hacías cuando eras niño, como saltar sobre
montones de hojas o pasar corriendo bajo el chorro de agua de la manguera. Observa
a los niños cuando juegan. Te traerá recuerdos de los juegos que jugabas.

Si deseas más diversión en tu vida, comunícate con tu niño interior y actúa desde
ese espacio de espontaneidad y alegría. Verás cómo comienzas a divertirte más, te lo
prometo.

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¿Fuiste bienvenido cuando naciste? ¿Estaban realmente contentos tus padres de
que nacieras? ¿Se mostraron encantados con tu sexo, o deseaban un bebé del sexo
opuesto? ¿Te sentiste «deseado»? ¿Se celebró tu llegada? Cualesquiera sean las
respuestas, date la bienvenida ahora. Haz una celebración. Dite a ti mismo todas las
cosas maravillosas que le dirías a un bebé que llega a su nueva vida.

¿Qué es lo que siempre deseaste que tus padres te dijeran cuando eras pequeño?
¿Qué es lo que siempre quisiste oír y que nunca te dijeron? Muy bien, dile
precisamente eso a tu niño. Díselo cada día durante un mes mientras te miras en el
espejo. Observa lo que sucede.

Si tus padres eran alcohólicos o te maltrataron de pequeño, puedes meditar y
visualizarlos como a personas sobrias y cariñosas. Dale a tu niño lo que desea.
Probablemente ha estado privado de ello durante demasiado tiempo. Empieza a
visualizar el tipo de vida que te gustaría llevar con tu niño interior. Cuando él se
sienta seguro y feliz, podrá confiar en ti. Pregúntale: « ¿Qué tengo que hacer para que
confíes en mí?». Lo repito, te quedarás sorprendido ante algunas respuestas.

Si tus padres no te demostraban cariño en absoluto, y te resulta francamente
difícil relacionarte con ellos, busca una imagen de lo que te parece que serían una
madre y un padre amantes. Coloca las fotos de esos padres cerca de tu foto de
cuando eras niño. Crea nuevas imágenes. «Re-escribe» tu infancia si es necesario.

 

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Las creencias que aprendiste cuando eras pequeño aún las tiene tu niño interior. Si
tus padres tenían ideas rígidas y tú eres duro contigo mismo y propenso a construir
muros a tu alrededor, probablemente tu niño interior continúa conformándose a las
normas de tus padres. Si sigues reprendiéndote por cada error, debe de ser bastante
terrible para tu niño interior despertar cada mañana. « ¿A causa de qué me va a
chillar y regañar hoy?»

Lo que nos hicieron nuestros padres en el pasado es un asunto de su conciencia.
Ahora somos nosotros los padres. Nosotros usamos nuestra conciencia. Si continúas
negándote a cuidar de tu niño interior, es que estás estancado en un rencor justiciero.
Esto invariablemente significa que aún te queda alguien por perdonar. Así pues, ¿de
qué no te has perdonado? ¿Qué necesitas dejar marchar? Bueno, sea lo que sea, deja
que se vaya.

Si no prestamos atención a nuestro niño ahora, y no lo elogiamos, no es culpa de
nuestros padres. Ellos hicieron lo que creían que era lo correcto en ese tiempo y ese
lugar. Pero ahora, en el momento presente, sabemos lo que podemos hacer para nutrir
y criar a nuestro niño interior.

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Las personas que han tenido o tienen un animal doméstico saben lo que es llegar
a casa y que salga a recibirte a la Puerta. No le importa la ropa que lleves, ni si eres
viejo y tienes arrugas, ni cuánto dinero has ganado ese día. Al animal sólo le importa
que estás allí. Su amor es incondicional. Haz eso contigo mismo. Emociónate por
estar vivo y por estar aquí. Eres la única persona con quien vas a vivir siempre.
Mientras no estés dispuesto a amar a tu niño interior, a los demás les resultará difícil
amarte a ti. Acéptate sin condiciones y de todo corazón.

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Me parece que es muy bueno inventar una meditación para hacer que el niño
interior se sienta a salvo. Como yo fui una niña que sufrió incesto, he inventado una
maravillosa imagen para mi pequeña.

En primer lugar, tiene un hada madrina idéntica a la Billie Burke de El mago de Oz,
porque eso es lo que a ella le gusta. Sé que cuando yo no estoy con ella, está con su
hada madrina y está siempre segura. Vive en un ático muy alto y tiene un portero y
dos perros grandes, de modo que sabe que jamás nadie le volverá a hacer daño.
Cuando logro hacer que se sienta absolutamente segura, entonces yo, como adulta,
puedo ayudarle a liberar y olvidar las experiencias dolorosas.

No hace mucho me descentré y estuve llorando durante dos horas. Comprendí
que mi niña interior se sentía de pronto dolida y desprotegida. Tuve que decirle que
ella no era mala ni había hecho nada mal, sino que era su reacción a algo que había
sucedido. De modo que tan pronto como pude hice algunas afirmaciones y medité, sabiendo que allí había un Poder mucho mayor que me apoyaría y me amaría.
Después de eso la pequeña ya no se sintió tan sola y asustada.

Además yo tengo una enorme fe en los ositos de felpa. Con mucha frecuencia el
osito es nuestro primer amigo. Es nuestro confidente, puesto que uno le puede contar
todos sus problemas y secretos y jamás se chiva. Siempre está allí para hacernos
compañía. Saca del armario tu osito y haz que tu niño lo coja una vez más.

Sería maravilloso que en los hospitales hubiera ositos en todas las habitaciones
para que cuando el niño interior se sienta solo y asustado a media noche, pueda
abrazarse a su osito.

Tus muchas partes

Las relaciones son fabulosas, los matrimonios son maravillosos, pero la realidad es
que son temporales. En cambio tu relación contigo mismo es eterna. Dura para
siempre. Ama a la familia que llevas dentro: el niño o la niña, el padre o la madre, y
la adolescente y el joven que hay en medio.

Recuerda que también llevas a tu adolescente en tu interior. Dale la bienvenida.
Trabaja con él de la misma forma que lo haces con el niño. ¿Qué dificultades tuviste
en tu adolescencia? Hazle preguntas a tu adolescente igual como se las haces a tu
niño. Ayúdale a pasar por las amedrentadoras situaciones y los momentos de
aprensión de la pubertad. «Corrige» esa época. Aprende a amar a tu adolescente igual
Como aprendes a amar a tu niño.

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No podemos amarnos y aceptarnos los unos a los otros mientras no amemos y
aceptemos a ese niño interior que se siente perdido. ¿Qué edad tiene ese niño? ¿Tres,
cuatro, cinco años? Generalmente tiene menos de cinco años, porque es entonces
cuando se cierra y se desconecta por la necesidad de sobrevivir.

Coge a tu niño de la mano y ámalo. Crea una vida maravillosa para ti y tu niño.
Di: «Estoy dispuesto a aprender a amar a mi niño. Estoy dispuesto». El Universo
contestará. Encontrará la forma de curar a tu niño y también de curarte a ti. Si
deseamos sanar, tenemos que estar dispuestos a experimentar nuestros sentimientos y
a pasar a través de ellos hacia el otro lado y conseguir así la curación. Recuerda,
nuestro Poder Superior está siempre disponible para apoyarnos y alentar nuestros
esfuerzos.

Fuera como fuese tu primera infancia, buena o mala, tú y únicamente tú estás
ahora a cargo de tu vida. Te puedes pasar toda la vida culpando a tus padres y al
entorno, pero lo único que conseguirás con eso es mantenerte estancado en hábitos de
víctima. Jamás te servirá para conseguir el bien que dices desear.

El amor es la mejor goma de borrar que conozco. El amor borra hasta los
recuerdos más dolorosos y profundos, porque penetra más al fondo que ninguna otra
cosa. Si tus imágenes mentales del pasado son muy fuertes y te pasas la vida
afirmando «Todo es culpa de ellos», te quedarás estancado. ¿Deseas una vida de dolor
o una vida de alegría? Mírate a los ojos, y ámate y ama a tu niño interior.

Louise L. Hay

Extraído de:
“El Poder está Dentro de Ti”
Por: Louise L. Hay
Pág. 145 a 156
Ediciones Urano
29ª edición


Publicado por:
Gloria de los Ángeles Espíndola
www.unmundodebrotes.com

 

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8 respuestas a Amar al niño interior

  1. yol dijo:

    muy bueno esto del niño interior voy a tratar de hacerlo para sacar dudas que llevo,admiro a Louise Hay es una persona maravillosa, un ser de luz.Gracias por la lectura.

  2. Susana Frida Valer dijo:

    Hermanita del camino, acabo de conocer tu blog. Gracias por tu publicación.
    Estoy intentando dialogar con mi niña interior.
    Le di una mirada a otras publicaciones tuyas, también.
    Siento todo sencillo y profundo. Y mucho amor. Te deseo LO MEJOR!!!
    Un abrazo muy fuerte, Susana

  3. Lorena dijo:

    Gracias Gloria por compartir este hermoso pedacito del libro,…me has conmovido.!

  4. Pame Vizoso dijo:

    Hola gracias esto muy agradesida hermoso un besooo

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